lunes, 10 de noviembre de 2014

FIEBRE TIFOIDEA.

Enfermedad infecciosa aguda provocada por una bacteria del género Salmonella. En la mayoría de los casos la infección se produce por consumir bebidas y alimentos contaminados. Destacan: la leche, el queso, los helados y otros derivados lácteos, los mariscos que crecen en lugares cercanos a puntos de eliminación de las aguas residuales, las verduras regadas con aguas fecales, los huevos, algunas carnes y el agua.

CONTAGIO.

El contagio es fecal-oral en su gran mayoría, ya sea de manera directa o con contacto indirecto como el comer alimentos contaminados o el llevarse las manos a la boca cuando se ha estado en contacto con objetos contaminados, de la misma manera que la transmisión mediante insectos que hayan estado en contacto con las heces.
El ser humano es el único capaz de transmitir la enfermedad de manera primaria, es decir que las heces del ser humano son las únicas donde se encuentra la bacteria en cantidades considerables para un contagio pues es el ser humano el único huésped para la Salmonella Typhis. La fiebre tifoidea es contagiosa pero contrario a lo que se cree la bacteria no se transmite por otra vía que no sea la fecal, es decir que no se puede contagiar por dar un beso o simplemente con tocar a alguien siempre y cuando las áreas de contacto estén limpias y descontaminadas.

SINTOMAS.

Se inicia con malestar general, debilidad, pérdida de apetito, dolor de cabeza y estreñimiento. Se mantienen durante unos cinco días, hasta que se inicia el periodo febril con cuarenta grados centígrados. Se deteriora el nivel de conciencia del enfermo, estado conocido como estupor y aparecen lesiones rojas en la piel que pueden permanecer durante 14 días. La evolución puede ser hacia la curación o complicarse con lesiones cardiacas severas, hemorragias gastrointestinales que pueden llegar a la perforación intestinal, alteraciones neurológicas importantes o cronificar la infección, dando lugar al estado de portador.

TRATAMIENTO.

Es básica la detección precoz para realizar el aislamiento entérico que consiste en lavar aparte la ropa y los útiles de vajilla utilizados por el enfermo sumergiéndolos en una solución con 200 mililitros de lejía por cada cinco litros de agua o, si se dispone de lavadora y lavavajillas, utilizar un programa de lavado con temperaturas superiores a 80 grados. El tratamiento debe hacerse siempre bajo supervisión médica. El antibiótico más utilizado es el cloranfenicol. Dada su toxicidad en España se utiliza más frecuentemente el cotrimoxazol o la ampicilina. La amoxicilina se reserva para las embarazadas.
La convalecencia puede durar varios meses, pero los antibióticos disminuyen la gravedad y las complicaciones de la fiebre tifoidea, así como la duración de los síntomas.
También es necesario que la persona se alimente con frecuencia debido a las hemorragias intestinales u otras alteraciones del tracto digestivo. En ciertos casos debe administrarse alimentación por vía intravenosa hasta que se puedan digerir los alimentos.



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